martes, 13 de enero de 2026

Vivo en mi novela favorita

Nos vendieron la globalización como si fuera YouTube para el progreso, pero la globalización no nos hizo más libres, Nos hizo más observables y más fáciles de controlar.

Mismas crisis, mismas guerras, mismos incendios, mismos desplazados, mismas noticias, mismo pánico. Todo en 120 minutos.

Y, al igual que en 1984, el truco no era solo vigilarte. Era controlar la narrativa.

Antes los problemas eran locales. Ahora son sistémicos.

Una sequía en África sube el precio del pan en Colombia. Una guerra en Ucrania sube el precio de tu gasolina. Un colapso bancario en Nueva York jode tu arriendo en Bogotá.

La globalización no conectó culturas. Conectó vulnerabilidades.

Y aquí es donde entran los medios y no vengo con una idea de izquierda, tampoco es mi realidad paranoica alterada, es la realidad y ya, porque no importa si estás en Caracas, Madrid o Hawái abres una pantalla y lo primero que ves: es la misma guerra, el mismo desastre, el mismo enemigo, la misma narrativa.

Eso no es información, es coreografía.

Cinco o seis conglomerados mediáticos deciden: qué existe, qué es relevante, qué es una “crisis”, qué se olvida, qué se exagera y lo más importante de todo, de qué no se habla.

Y aquí está el truco sucio: Los dueños de los medios son los mismos dueños de las petroleras, los bancos, las constructoras, las industrias militares y fondos de inversión.

O sea, los que crean el problema controlan cómo se habla del problema.

Las petroleras te hablan de cambio climático. Los bancos te explican la desigualdad.
La industria armamentística te habla de paz y es e
ntonces, cuando la contaminación se convierte en “estilo de vida”, las guerras en “conflictos complejos” y la migración en “crisis humanitaria”.

Pero nunca se llama por su nombre real: control masivo o exterminio de humanos ilusos.

A nosotros nos muestran el humo, no el incendio. Nos enseñan a pelear con otros pobres diablos como nosotros mientras los ricos se vuelven más ricos.

Lo que nos llega es apenas una cuarta parte. El resto se filtra, se suaviza y se edita
para evitar caos social y mantenernos ignorantes del verdadero problema.

No nos engañemos, la globalización no nos hizo ciudadanos del mundo. Nos hizo rehenes del mismo sistema que ahora explota todo en todos lados al mismo tiempo.

Bienvenido al Gran Hermano versión 5G.
No nos vigilan para castigarnos.
Nos vigilan para destruirnos.


Christian Mercury.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Caracas ciudad de despedidas...

A Caracas 

Después de diez años volví a tus calles,a tu ruido, a tu caos, a tu cielo que nunca olvida.Volví distinto, más fuerte, más consciente, y tú seguías ahí, esperándome con tus heridas abiertas y  tu forma única de abrazar con el alma.

Fueron días de risas, de reencuentros, de amigos viejos que siguen siendo casa,y de nuevos rostros que ya se sienten familia y recuerdos en tus calles con quienes aún sigo escribiendo historia y recuerdos con quienes ya no volveré a ver jamás. 

Caracas, me diste una semana que guardaré como un fuego, incluso cuando todo se sienta frío. 

Mi cumpleaños lo viví entre tus calles, rodeado de todo y de nada,c on la peor compañía, pero el mejor aprendizaje.

Porque hasta el desencanto, contigo, tiene poesía.

Ahora regreso a Cartagena, con el corazón lleno de nombres, rostros y memorias, con la certeza de que lo malo se disuelve, y lo bueno, lo verdadero, se queda.

Gracias, Caracas, por recordarme quién fui, y por mostrarme quién ya no seré.

Christian Mercury. 


lunes, 26 de mayo de 2025

Saludos del pasado

Hoy he recordado que sé escribir. Que tengo esta condena hermosa: la de poder nombrar lo que siento.

Lo había olvidado, como tantas cosas. Pero esta noche, entre sombras, decidí volver.
Porque quizá lo único que aún me pertenece por completo… es mi voz. 

Carta para mi.
De mi.

Hola, espero que estés bien y también espero que aún conserves la capacidad para leer estas palabras. Si no es así, porque la vida a veces es un poco cruel (y lo sabes), no pasa nada. Sé que en tu memoria habrá un recuerdo diminuto de alguna vez en el pasado haber escrito esta carta para ti.

Querido yo del futuro:
 ¿Ya dejaste de llorar? ¿Ya dejaste de sentir ese vacío infinito que te agobia desde que tienes uso de razón? Ojalá que sí. Ojalá seas feliz. Ojalá ahora sí haya valido la pena haber dejado todo atrás y haber estado solo por tanto tiempo. Ojalá las veces en que necesitaste un abrazo se hayan acabado, y hasta hayas conseguido quien te los dé con intereses.

No viste crecer a la mayoría de tus sobrinos y los que dejaste cuando eran niños se volvieron adultos sin tu presencia. Pero no pasa nada, ellos siempre estuvieron en buenas manos. Tal vez, con suerte, sepan tu nombre.

Querido yo del futuro,
Perdóname si, en vez de ayudarte a aliviar todas tus penas, ayudé a que se multiplicaran. Perdóname si ahora sufres las consecuencias de mis actos. Pero créeme que nunca fue mi intención herirte. Créeme que nadie te ha querido como te quiero yo.

Si sigues terco diciendo que no necesitas a nadie, hazte un favor y entrega ese amor tan lindo que tienes, porque se puede perder, como se pierde un tesoro en el mar, y el universo necesita que la gente ame como tú lo haces: con honestidad genuina, y locura apasionada, esa que solo tú —y unos pocos que te conocen— saben que tienes.

Querido yo del futuro,
Espero que no hayas olvidado los momentos geniales que viviste con tu familia y amigos. Sé que muchos de ellos siguen allí para ti, porque aunque nunca fue un acuerdo hablado, estaba claro que nunca nos dejaríamos. Recuerda que ellos —tus amigos— conocieron al verdadero tú y, aun así, te aceptaron y defendieron a capa y espada.

Querido yo del futuro,
Eres la evidencia de que todo lo malo que le puede pasar a una persona, todo el poco optimismo, orgullo o la escasa esperanza que alguien pueda le pueda tener a alguen… no son suficientes para impedir que salieras adelante. Todos te subestimaron, todos te menospreciaron, pero siempre tuviste tus ideas claras: ser feliz a pesar de todo lo malo. 

Yo nunca dejé de creer en ti. A veces te odié con todas mis fuerzas. A veces solo quería que desaparecieras, porque sentí que nadie te quería. ¿Y adivina qué? Sí hay gente que te quiere. Pero no necesitas ser amado por nadie para amarte a ti mismo.

Querido yo del futuro,
Espero que no me extrañes. Espero que solo me recuerdes. El yo de ahora extraña mucho su pasado, pero sabe que no va a volver, y eso lo mantiene triste. Toma este consejo: sigue viviendo tu momento, cada segundo, y quédate siempre con lo bueno, porque ya de lo malo estamos hastiados todos.

Aunque no lo creas, es verdad: te quiero mucho. Cuídate, y sigue amando tu cerebro, que es la clave de tu felicidad.

PD: No te escribo esto para que recuerdes lo malo, yo me encargo ahora de sufrirlo por ti. Enjoy the ride.

Christian Castilla. 

miércoles, 29 de septiembre de 2021

¿Dónde está la gente de bien?

El mundo como lo conocíamos ha dejado de existir, vivimos en un mundo nuevo, lleno de humanos nuevos, a los que a pesar de no aceptarlo: AMAN LAS ETIQUETAS, se entusiasman al decir, que son la generación de la aceptación y realmente están contra todo aquello que no tiene un label, es una contradicción inverosímil que se volvió el paradigma más errático y sin sentido del tercer milenio.

Yo vengo de la generación Y, pertenezco a la generación de milennials, gente muy global y narcisista, vimos la llegada de la internet y nos volvimos adictos a ella, creemos que merecemos un trofeo por el mínimo esfuerzo y sentimos la necesidad absurdas de causar impresiones a personas que nos nos interesan.  

Como humanos, queremos desesperadamente pertenecer y los centennials, aceptan ese statement como una realidad absoluta, quieren pertenecer tanto que han creado mil etiquetas distintas para todo y con la llegada de lo políticamente correcto, el no querer ser etiquetado se ha vuelto el problema del siglo, se ha convertido en la critica más notoria de este nuevo mundo al que hemos visto envejecer ante nuestros propios ojos.

Pero en un mundo lleno de etiquetas, la gente de bien, ¡ya no existe! Eso quedó en el olvido, el ser decente, puede ser en ocasiones indecente, ser normal, ahora es anormal y lo que era costumbre, es ahora un cliché aburrido totalmente no adaptable a este nueva realidad. 

No se ustedes, pero eso de la gente nice y las buenas costumbres, nunca fueron parte de mi, realmente ese concepto me parece desconocido yo solo he conocido gente tipo:

Una "gorda puta" como Kim Kardashian que cree que está buenísima y nadie le para. 

A un argentino bruto, a quien por cierto le hice hace unos años atrás, un trabajo en unas páginas web y que me tenía trabajando 8 horas al día, soportando sus gritos histéricos de lunes a viernes, por dos meses y quien nunca me pagó.

A una niña enloquecida por el escaso peso corporal de gente que no conoce ya que es de esas que se matan a punta de no comer nada y que lloran todo el día porque no son el The Devil Wears Prada, sino, para desgracias suyas, son unas pobres diablas que tienen que vestir de cualquier cosa.

Fue a ella misma a quien me le ofrecí para comprarle un frasco de laxante sin remordimiento alguno, porque, no puedes cambiar a la gente de la noche a la mañana, no lo intentes siquiera, muéstrale opciones, lo demás no es problema tuyo.

Conocí jóvenes tan viejos como mi papá, gente desubicada como un chico homofóbico que no tuvo ningún problema en masturbarse con otros gays y salir en vivo en chatturbate para ganar algunos dólares, el trabajo del milenio: ser modelo webcam #TragameTierra.

Conocí a un idiota que utiliza la palabra “indecencia” respecto al hecho de fumar marihuana, pero le da queso ver a la vecina cambiarse en las mañanas desde la ventana de su casa; un cerdo de primera.

Carajitas que les comen el cuento a los papás cuando les dicen que no sirven para nada y entonces se auto flagelan. Padres matando hijos, hijos dejándose matar por sus padres.

Hombres solteros totalmente ebrios sosteniendo vasos de alcohol con una mano mientras un perro les lame la otra, con la que no sostienen nada.

Una esposa que hace de dama de compañía, en el mejor de los casos; o una dama de compañía que hace las labores de la esposa.

Una secretaría que hace de puta (mis favoritas).

Un adicto al sexo que es un desastre, pero muy gracioso y que, aunque se acueste durante toda la semana con chicas diferentes, igual se masturba viendo xvideos a las 2 de la mañana en su cama y jamás lava las sábanas, todo un Charlie Sheen.

He sabido de gente que se la pasa en pastillas y bailando electro cada fin de semana en cada fiesta a la que pueden ir. A chicos muy imbéciles rindiendo culto al hip-hop usando zapatos Adidas y Nike Force.

Hay de todo, señores, hay de todo.

Conocí uno que otro chico en verdad feliz, que le importa una mierda lo que hagamos los demás con nuestras vidas.

Y me conocí a mí, un cretino de primera que siempre tiene mucho que decir, pero que no lo comparte, por aquello de no querer molestar, un chico muy atormentado por el que dirán, pero no tanto como para soportar a los aburridos comentarios de la gente que lo rodea.

PD: en las oficinas ya no estarán los fumadores, pero quedan los que se toman un descanso para ver videos (tontos) en youtube, revisar la cuenta de facebook, cargarse en el baño que luego usarás tú, y las que se ponen a sacar cuentas de cuánto les falta ahorrar para ponerse las tetas. Los y las preocupadas por su salud, que piensan que lo que comen los demás es lo que las puede engordar, pero se comen de almuerzo un BigMac.

Pura buenas costumbres.

Pura salud.

Pura decencia.

Bueno, también existe Camila Canabal, esa sí merece que le digan señora. 


Christian Mercury.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Memory remains.

Recordar, conmemorar, tener presente, acordarse, revivir, añorar, en fin, palabras que se acomodaron en mi vocabulario e hicieron cual castor una presa de recuerdos inmemorables difíciles de olvidar. Palabras que se atribuyeron el derecho de cambiar mis pensamientos y volvieron mi memoria un hall decorado con cuadros y retratos de momentos y personas del pasado que siempre permanecerán colgados en esas infinitas paredes pintadas con lagrimas nostálgicas, generadas por la impotencia de no poder vivir una vez más esos felices, gratificantes y ¿por qué no? tristes y melancólicos momentos.

 Darle lugar a esos pensamientos puede llevar a la ansiedad, no tener a tus seres queridos cerca al momento de un abrazo, puede traer ansiedad, vivir constantemente recordando momentos del pasado puede traer ansiedad, pero pensar en lo que aún no logras, también puede, así que tú decides, al final la vida se basa en eso, en la toma de decisiones, para bien o para mal.

Organizar mis pensamientos para hablar de este tema fue mucho mas difícil de lo que pensé, son demasiados tópicos y maneras de expresarlo que llegan a mi mente y no puedo articularlos todos, pero de alguna manera las palabras siempre logran coexistir y formar todo este caos de opiniones que genera mi cerebro cuando me pongo a escribir.

Sin darme cuenta, he pasado gran parte de mi vida extrañando, extrañando momentos, personas, situaciones, emociones, olores, sabores, placeres, dolores, sin darme cuenta, extrañar se volvió mi tatuaje más viejo y mi estilo de vida más reciente. 

No soy el único que se siente así, todos extrañamos a alguien o algo, tal vez a un amor, tal vez a un amigo, a un familiar, a un hijo, a un perro o un pais, extrañar es parte de todo, siempre estará allí. No podemos hacer nada para evitar recordar, solo hay que disfrutar hacerlo, porque como dicen el dicho: "recordar es vivir".

Fuck! Extraño demasiadas cosas, la lista es infinita, pero recordarlas me hace sentir que quiero vivir momentos así otra vez, no vivir en el pasado, sino, crear nuevos recuerdos y conocer nuevos personajes para extrañarlos en el futuro. 

Extraño cosas que nunca pensé en la vida que alguna vez llegaría a extrañar, por eso siempre digo que la vida es una perra maldita y lo mantengo, siempre llena de ironía, esperando el momento oportuno para decirte con cara de cinismo: - te lo dije -.

"El que se ríe sólo, de sus picardías se acuerda", nunca una frase popular fue tan asertiva, ver a una persona reír sin aparente motivo a solas,  no quiere decir más que, está recordando un momento qué disfrutó mucho, porque recordar es vivir.

Por eso hay que vivir al máximo y en lo posible mantener una higiene bucal fabulosa, para que en el futuro, cuando irremediablemente recordemos, esas memorias estén llenas de maravillosos momentos que nos dibujen una sonrisa en la cara de editorial de revista odontológica. 

Sonríe, te estoy viendo.


Christian Mercury.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Her.

Desde mis entrañas.

A todos, menos a ti.

 

Entendiendo y comprendiendo su ya innecesaria existencia, ella se dio cuenta de que era inútil seguir adelante. Tratar de entender o de que le importaran los sentimientos de los demás, para ella ya no era una obligación, puesto que decidió emprender una nueva vida, en la que las demás personas participarían como extras y que la participación de esos extras era más que nada para rellenar un espacio vacío, para que la historia no se volviera un total aburrimiento.

Analizar cuáles serían sus siguientes pasos era lo siguiente que tenía que planificar, puesto que solo sabía lo que había pasado, pero no sabía y tampoco suponía lo que estaba por venir porque, como cualquier adolescente, solo se enfocaba en su presente, teniendo en cuenta su pasado, pero nunca o mejor, no quería, pensar en su futuro.

Los extras, no eran para que estuvieran con ella cuando los necesitara, eran algo menos que eso, solo eran (como ellas los veía), un montón de ratones de laboratorios para sus experimentos, los cuales eran: 1. probar cómo se desarrollaba el amor en las personas y 2. cómo cambiaban sus actitudes y opiniones con base en dicho sentimiento, viendo el mismo desde diferentes puntos de vistas; el amor a un hijo, el amor a un familiar, el amor a un amigo y el más complicado de todos: el amor a una persona con la que quieres pasar el resto de tu vida sin importar las dificultades.

En su "antigua vida" ella nunca se enamoró, pero vio como muchas personas lo hacían y eso creó en ella un sentimiento muy fuerte en contra del amor, de hecho, todo lo contrario, lo que ella sentía era odio y también era el único sentimiento que sentía de verdad, no solo contra el amor, sino, también, contra sí misma.

Se odiaba por el hecho de recibir amor, pero no sentirse capaz de darlo. Siempre pensó en su "otra vida" que  el amor no era un sentimiento necesario para el ser humano, más bien lo veía como un estado del subconsciente que se tenía que estudiar y examinar muy detalladamente antes de ser ejecutado.

Se odiaba a sí misma, por ser hipócrita al opinar que el suicido no era una solución, porque lo que en realidad pensaba, pero que no comentaba con nadie, era que las personas que terminan con sus vidas por indeterminadas razones, eran personas valientes que decidieron acabar con esta farsa que muchos llamaban vivir, sin importarles cuales fuesen las consecuencias, (tanto en el mundo de los hombres, como en el mundo de los muertos).

No le importaba la religión, pero siempre respetó las decisiones de sus ahora “extras”, de creer en “entidades” que no podían ver, pero que eran los creadores de todo lo existente, les otorgaba el derecho de creer en toda esa basura, solo cómo recompensa de estar vivos y soportar todo lo que esas “entidades” les hacían vivir.

Su primer experimento consistía en hacer que uno de sus “extras” se enamorara de ella, hacer eso no iba a ser tan difícil (pensaba ella), porque en su “antigua vida”, en el “viejo mundo”, siempre había chicos que se enamoraban de ella, sin siquiera conocerla.

Buscar un conejillo de indias fue un trabajo sencillo, ella no tenía una lista de lo que estaba buscando, solo bastaba con elegir al chico que más sentimientos sentía hacia ella y ese era un chico que vivía a dos casas de la suya y que desde muy niño siempre estuvo enamorado de ella.

Comenzaron a salir, a pasar más tiempo juntos, salir a cenar, pasear y todas esas cosas que sus “extras” (alguna vez amigas), le contaban.

Al cabo de un tiempo decidió que ya era tiempo de darle fin al experimento y finiquitar lo que había iniciado; el segundo paso era: romperle el corazón al chico.

Ella quería demostrarse, no sólo a sí misma, sino, también al mundo entero, que no se pueden tener sentimientos sinceros hacía las personas como los que uno siente por sí mismo, porque que ella no lo sentía (o mejor dicho), no lo sabía.

Fueron tres meses realizando un experimento, fueron tres meses en los que hizo cosas con ese chico, las mismas cosas que sus antiguas amigas le contaban, cosas las cuales siempre terminaron destrozándoles el corazón a cada una de ellas y que ella pensó que nunca le pasaría.

Después de pasar una noche agitada, pensando en cómo acabar con el experimento (léase bien destrozarle el corazón aquel chico), llegó la mañana y aún no encontraba como hacerlo, no sabía que o porque, pero estaba dudando de hacerlo ahora.

No, no se vale tener sentimientos por alguien, se repetía aquella chica confundida, que ahora experimentaba cosas que nunca había sentido y se había negado a sentir.

Ella no entendía que el amor, no era cuestión de estudiarse o de entenderse, no era cosa de un experimento, es cuestión de sólo sentir y que uno no decide cuándo, ni cómo, ni a quién amar.

El chico llegó a la puerta de su casa como todos los días desde hacía 3 meses, ella no abrió la puerta, no se sentía bien, él entró después de tocar la puerta varias veces y darse cuenta de que la misma estaba abierta.

Entró, la buscó, la encontró…

La vio sentada a la orilla de su cama en su habitación, con la cara inexpresiva, le preguntó qué le pasaba, ella no respondió, él tomó asiento a su lado y la abrazó, le dio un beso en la mejilla y después de un par de minutos ella dijo: -Tengo algo que decirte…-

Ella lo hizo, así, sin más ni menos, le dijo toda la verdad, su experimento funcionó, le rompió el corazón aquel muchacho, pero no se sentía bien (no como cuando algún proyecto que realizas tiene resultados positivos), esta vez no solo el corazón del chico saldría roto, esta vez también el de ella.

Suponiendo siempre, varios finales posibles, como buen científico, ella ya tenía preparado el perfecto final, en caso de que las cosas no salieran como ella quería y por primera vez en su vida, una vida que ella no apreciaba, que no disfrutaba y que no quería seguir viviendo; pensó en el futuro, un futuro con un corazón roto y un futuro que no quería vivir y que principalmente no soportaría.

Había vivido una vida miserable, en un mundo miserable, había perdido el sentimiento de seguir viviendo, no sentía nada por nadie, no sentía nada por sí misma, todo eso y sin haber vivido una decepción amorosa, pero que ahora vivía una que ella misma se buscó, por eso antes de que el muchacho entrara a su casa, ella había ingerido una taza de blanqueador de ropa que encontró en la cocina de su casa entre los productos de limpieza.

Ella no sobrevivió, ella no pudo terminar su experimento, ella no pudo soportar, ella nunca aprendió que el amor no es cosa de ciencia y que no debemos tratar de estudiarlo, el amor es cuestión de sentimientos y solo debemos sentirlo.

Christian Mercury.

martes, 7 de septiembre de 2021

NUNCA.

    

    


    A veces, en ciertas circunstancias cuando pienso en ti, trato de no recordar los momentos que disfruté a tu lado, puesto que si mi deber es olvidarte tengo que recordar los momentos tristes que me hiciste pasar, pero solo me viene a la cabeza una palabra: NUNCA.

NUNCA fuiste capaz de hacerme daño porque, NUNCA dejaste de cuidarme.

NUNCA me hiciste falta, porque NUNCA te apartaste de mí.

NUNCA sufrí de desamor, porque NUNCA le hiciste daño a mi corazón.

NUNCA pensé en algo triste, porque NUNCA dejabas de hacerme reír.

NUNCA una palabra de 5 letras y simple en su estructura, pero con un significado muy fuerte que NUNCA fue mejor definida que cuando te recordé. 

Christian Mercury.

Marta.

 

    Era la mañana de un domingo de diciembre, Marta se despertaba de lo que había sido la tercera noche en la que no podía dormir bien, por una pesadilla que no la dejaba en paz.

    Esa mañana a diferencia de las mañanas anteriores, Marta no se levantó de la cama llorando corriendo a abrazar a sus padres, todo lo contrario, se quedó en su cama arropada y relajada sin que nada (más que el recuerdo de esa pesadilla) la molestara.

    Marta tenía apenas 8 años, pero su manera de pensar no era la de una pequeña. Mientras que sus amigas del colegio se interesaban en muñecas a Marta le gusta pasar la mayor parte del tiempo del recreo jugando con hojas secas y animalitos muertos, eso la llevó a ser una niña retraída, introvertida y rechazada y es por eso que no tenía ningún amigo.

    Sus padres y maestros sabían de esa conducta y desde muy pequeña, Marta había estado recibiendo tratamiento psicológico, pero nada de eso funcionó, lo único que lograron esos últimos años en terapia, fue enseñarle a Marta como ocultar lo que realmente le gustaba y comportarse de la manera más “normal” frente a sus papás.

Ella sabía lo que ocurriría ese día y sabía que nada iba a detenerla.

- Marta mi amor ven a comer- Dice la madre de Marta a través de la puerta, pues desde hacía 2 años atrás que le habían dado una habitación sola y sus padres respetaban mucho su privacidad.

 

-     Bajo en un segundo- Contestó la niña aún arropada desde su cama.      

    La madre de marta quien vivía preocupada por el desarrollo psicológico de su hija, era una mujer muy paciente y comprensiva, quien después de un accidente de auto perdió lo que iba a ser su segundo hijo y quedó estéril. Ella a pesar de que quería mucho a su hija lo que realmente deseaba era un niño normal que tuviera amigos y una infancia feliz, como todos los padres desean.

    El padre de Marta era un hombre obeso y alcohólico que cada fin de semana después de unas cuantas cervezas le decía a su mujer que estaba dañada, porque no le podía dar más hijos y la única que tuvo era una loca prospecto de asesina y es por eso que todas las mañanas primero desayunaba él y luego la madre levantaba a Marta para que no tuvieran el mínimo contacto.

-Buenos días mi amor ¿Cómo dormiste anoche?- Pregunta la madre a su hija sabiendo muy bien que hace tres días la molesta una pesadilla, pero sin conocer los detalles de la misma.

 

-Muy bien mami, gracias- Responde Marta.

 

-¿Después del desayuno quieres salir a jugar al patio?  Hace un hermoso día- Le sugiere la madre a Marta para motivarla a salir y que se divierta un rato.

 

-Me encantaría- Responde Marta. -¿Y mi papi? ¿Está en casa?- Pregunta con una sonrisa la pequeña.

 

    Marta adoró desde muy pequeña a su padre, para ella era un hombre encantador muy amoroso y lleno de cariño y seguía opinando lo mismo, pues nunca sintió el ya obvio rechazo de su padre, quien hacía semanas estaba evitándola a como dé lugar.

-Tuvo que salir de inmediato al trabajo - Mintió la mamá a la niña sabiendo que el padre estaba en su habitación evitando verla y pasando la borrachera.

 

-Esperaré hoy a que venga para jugar con él, porque lo extraño mucho- Exclama la niña llena de entusiasmo.

 

    En la cocina había una mesa con un florero de cristal lleno de flores amarillas que la mamá de Marta recogía todas las mañanas del jardín y que por razones que no conocía Marta detestaba con todas sus fuerzas.

    Marta espera con calma a que su madre le sirva el desayuno, pero para su sorpresa esa mañana no desayunaría.

    Marta a la edad de 8 años la mañana de un domingo de diciembre, se paró de su silla, se montó en la mesa, tomó el florero con las flores amarillas, lo rompió, tomó el vidrio más grande, se acercó a su madre y se lo enterró en el cuello; la sangre que emanaba del cuello de su madre, ahora le recorría por sus manos y pintaban los estampados de flores de un vestido color azul cielo de un rojo carmesí lleno de glóbulos rojos.

    La pesadilla que Marta había tenido los últimos 3 días era la de su padre diciéndole que no la quería, porque su madre no servía, porque daba niños mal formados, locos, futuros asesinos, lo que la niña nunca supo es que no era un sueño, eran las cosas que su padre borracho le gritaba a su madre y que ella escuchaba mientras dormida, porque provenían de la habitación de al lado.

    Hoy Marta está recluida hace 5 años en un hospital psiquiátrico infantil, su madre murió y su padre nunca la ha ido a visitar, no se sabe nada de él, hoy por hoy la niña sólo recibe la visita de los enfermeros del hospital para administrarle diariamente la dosis de medicamentos para la ansiedad y mirarla con la misma cara con la que sus padres siempre la vieron, una cara de miedo y desprecio que la hacía sentir como en casa otra vez.

Christian Mercury 

  

lunes, 12 de julio de 2021

El escenario de los desconocidos

 


"Una cosa rara es el hombre: nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere.”

             Comienzo esta descarga con una de mis frases favoritas de Facundo Cabral, es una de mis frases favoritas, porque describe perfectamente la existencia confusa y muy incongruente de la criatura más rara, complicada y difícil de comprender: <<el hombre>>.

                Y me refiero a el “hombre” como especie, a como se definía antes de que llegara la new wave de las feminazis sin ideales, que defienden argumentos que ni siquiera han fundamentado de forma coherente y que irónicamente (a mi parecer) esas incongruencias entre sus comentarios y formas de actuar, las hacen aún más humanas, mas “hombres” por decirlo de alguna manera. Pero, en fin, ese no es el punto de esta descarga.

                Dejar o sacar a alguien de mi vida siempre ha sido bastante complicado, incluso muchas veces cuando comienzo una relación del cualquier tipo con alguna persona y esta persona me “cae bien” (cabe destacar que eso no pasa con frecuencia, porque mayoritariamente la gente no me agrada), siempre les digo frases como: cuando te vuelves un closed friend of mine, no dejas de serlo nunca, y para ser honestos a estas aturas de mi vida ese comentario me parece bastante creepy.

                La cuestión es que como dice la super frase celebre digna de cualquier premio a la literatura burda: “nada dura para siempre” y no duran las cosas o las relaciones, porque nada está diseñado para ser inmortal, ese concepto de mortalidad no aplica para las personas, ni para las cosas creadas por las personas, aplica solamente para cosas que van mas allá de nuestro entendimiento básico del mundo, pero eso nunca llegaré a saberlo, porque como el resto de los mortales, moriré sin saber la respuestas a miles de preguntas, porque yo tampoco duraré, afortunadamente para siempre.

                Nacemos de una familia que por cuestiones del destino nos tocó, ya bien sea para bien o para mal, es la familia que nos tocó y ya, pero también existen personas que sin vínculos sanguíneos a nosotros consideramos nuestra familia y a veces esas personas se vuelven parte imprescindible de nuestra realidad.

                La verdad es que esas personas las elegimos y muchas veces se quedan, (no para siempre) sino, por el tiempo que son necesarios para nosotros o nosotros seamos necesarios para ellos.

                Todos vamos en el mismo vagón, (“el vagón de la muerte” decía la letra de una canción), ese vagón va lleno de individuos buscando un espacio para estar más cómodos, un vagón en el que muchos no encajan y terminan lazándose por la puerta más cercana y entregarse al olvido.

                No soy de los que deja ir tan fácil, porque no quiero que las cosas cambien, se que eso suele ser considerado un síntoma de depresión, pero no siento que esté deprimido, tal vez tenga algo de distimia, pero al verdad es que me gusta mucho vivir sufriendo, porque cuando no lo estoy la felicidad se hace y siente mas genuina, realmente no entiendo a la gente que busca desesperadamente la forma de ser felices día a día y eso es una cosa de adultos, porque los niños no piensan en eso, los niños solo son niños. Hay un momento en el que dejas de ser niño y automáticamente empiezas a pensar en ser feliz, sin analizar que ya lo eres o eras en el momento que todas esas preguntas empezaron a molestar.

                Divagar para mi es demasiado fácil, mi cerebro piensa a mil kilómetros por hora, y una cosa me lleva a otra y se que a ti también te pasa, pero mi punto es que así como vamos en ese vagón, así como buscamos espacio para sentirnos cómodos, también hay momentos en los que solo queremos estar allí y solo existir, sin ningún problema, sin ninguna necesidad, solo existir, pero no puedes, porque no perteneces a una sola historia, perteneces a las historias de otras personas que también quieren que participes y es allí cuando decides cuantos actores quieres en tu película, la película de tu existencia, es cuando decides quienes serán extras y quienes jugaran un papel importante y así como en cualquier película, uno como director quiere seleccionar a los mejores actores y darles el rol que mejor vaya con su currículo, el problema es que NO SOMOS DIRECTORES DE CINE y ese proceso de selección muchas veces es una mierda.

                No somos directores de cine, nos vemos egocéntricamente a nosotros mismos más como actores y actrices, no como directores, porque al final si todos fuésemos unos Almodovar, no existirían Ángela Molina, Carmen Machi ni Emma Suárez y no habría buenas películas para ser grabadas.

                Todos estamos en nuestras películas, todos tenemos nuestros papeles y los demás actores que están en ellas, tienen sus papeles también, ellos tienen roles secundarios en nuestras películas, pero también roles principales en las suyas, es como una de esas historias que leemos en los libros donde en un capitulo todas las historias se entrelazan y se desata un caos descomunal, que siempre lleva al orden y principalmente nos ayuda a entender el origen y el final.

                En fin, yo elegí no hacer una película, elegí hacer un monologo, elegí quedarme solo con los espectadores y ser el único host o personaje principal en un monologo de horas de silencio en donde los que se queden a escuchar el silencio, serán los únicos importantes protagonistas, los únicos que de verdad valen la pena de ofrecerles un minuto de atención.

                Elijo dejar ir a esos actores, al final muchos de ellos eran actores de segunda categoría y lo sé, porque he aprendido a diferenciar una buena actuación de una mala, porque la película de mi existencia lleva ya bastante tiempo, igual faltan muchos actos por presentar, de todas formas, el show siempre debe continuar, ¿no?

                Todos están para ser actores principales, nadie quiere ser el extra, pero por lo general cuando lees los créditos de las películas te das cuenta que siempre hay mucha gente en ellas, pero solo 2, tal vez 5 eran los personajes principales.

                En el mundo del showbussines también existen vacantes para buscar personajes nuevos, a veces solo debemos despedir a los malos actores y contratar a nuevos actores que solo con el tiempo sabremos que tan buenos actores son y si metemos la pata contratando a otro mal actor, al menos eso nos dará la oportunidad de seguir en la búsqueda de ese ganador del Oscar.

               Christian Mercury.

viernes, 22 de marzo de 2019

Acrónimos de realidades



    No juegues con los sentimientos ajenos decían las personas para sonar sabias y reflexivas, te pasará lo mismo si continuas haciendo lo mismo,  continuaban esos argumentos, "karma" lo llaman unos, castigo divino le dicen otros, lo cierto es; que por muy trilladas que suenen esas frases, no son más que: "La ley del viejo Oeste".

    Según esas reflexiones populares yo debería haber muerto hace rato, por todo lo malo que he hecho, pero lo cierto (para decepción de otros) es que sigo aquí, "vivito y coleando". La vida, por muy apreciada y sobrevalorada que esté, es una PERRA MALDITA que no tiene clemencia con nadie, el mundo está lleno de personas que no saben que hacer, porque nadie nos dijo nunca para que servimos las personas.

    La única diferencia que veo entre una persona u otra, es si es buena o mala, pero ¿Quién soy yo para juzgar? Yo no se para que están hecho los humanos y si alguien sabe por favor, hágamelo saber de manera inmediata.

    Según yo, el concepto de bien o mal es empírico; tu considerarás si las acciones de una persona son buenas o malas, de acuerdo a como te afecten a ti dichas acciones, pero de manera muy humana aceptamos cuando dichas acciones afectan de mala manera a alguien más, pero si nos complacen a nosotros, no nos molesta, porque así somos y así seremos.

    Vayámonos al diablo todos y dejemos de pensar que debemos hacer el bien y no mirar a quien, tal vez lo que necesitamos es dejar de pensar tanto y actuar por instinto y si por bien o por mal ese instinto acaba con nosotros, al menos terminaríamos de manera natural, por un acto de nuestra propia naturaleza y no por un pensamiento implantado por una sociedad nefasta que tal vez, solo tal vez, necesita ser exterminada de una buena vez por todas.

Christian Mercury.

domingo, 10 de febrero de 2019

Carla



    Carla estaba fúrica. Carla y su pelo azul. Eduardo escuchaba desde la sala como sonaba el estallido de platos, puertas de gabinete y cubiertos en la cocina. 

    En otro momento, quizás dos años antes, se hubiese levantado del sofá tras fumarse un cigarrillo y se le habría acercado por detrás para abrazarla y pedirle perdón por la pelea estúpida que acababan de tener, pero no fue eso lo que ocurrió esta vez, sí, se fumó un cigarrillo, pero después de ese vino otro y luego otro y cuando se había fumado cinco olió el incomparable aroma de la sazón de su novia, ese que tanto le gustaba y se preguntó si a estas alturas importaba que cuando la cama los reencontrara, más tarde en la noche, le decía que aceptaba la culpa por la discusión, sólo porque tres años amando a alguien no se manda a la mierda tan fácil.

    A Carla, Eduardo no había tenido que aprender a quererla. Desde que habló con ella la primera vez sabía que no tenía más opción. Estaban borrachos en unos de esos eventos de rock donde saludas a todo el mundo, pero no conoces a nadie. Ella dijo algo, él le respondió y terminaron hablando hasta que el sol salió. Dos días después se hicieron inseparables. Podían pasar todo el día hablando y toda la noche fornicando en el estudio de Eduardo, en las escaleras de su casa, en cualquier sitio donde los atrapara el deseo si no encontraban una habitación de hotel. Se mudaron a vivir juntos tan rápido que quienes los conocían casi ni se dieron cuenta de cuando. Aunque en realidad pasaban tanto tiempo acompañándose que era difícil no creer que vivían juntos desde siempre.

    Eso ocurrió el primer año. El de los viajes a la playa y en el que aunque querían adoptar un gato terminaron comprándose un carro, el año cuando Eduardo dejó de ser drogadicto y consideró incluso la idea de ser padre. El de las promesas hechas y los portarretratos nuevos.

    Luego vino el segundo año. El más difícil. Ese donde Eduardo perdió su trabajo como fotógrafo de eventos para una revista de reseña musical y pasaba el tiempo amargado matando tigres para vivir, porque si hay algo que Eduardo tenía eso era el empeño de darle a Carla todo lo que le pidiera., lo que no tuvo fue suerte.

    El tercer año hubiese sido casi como el segundo de no ser, porque Carla se acostó con otro. Eduardo ni siquiera descubrió el engaño.

    En una de esas peleas que empiezan con cualquier cosa y terminan sin que nadie se de cuenta, ella se lo confesó, así sin más, tal vez por el puro placer de hacerle daño. El se le había quedado mirando, sin gritarle, sin tocarla, sin decir nada. Como cuando se rompe algo y prefieres quedarte viendo los pedazos a tener que recogerlos y botarlos en el bote de basura.

    Carla y su pelo azul se fueron en la mañana siguiente. Eduardo durante una semana consideró la idea de salir a matarla y luego matarse él. No tuvo tiempo de tomar la decisión. Carla volvió veintiún días después. Eduardo estaba dormido en el sofá, borracho, desnudo y con las cortinas cerradas y ella abrió la puerta, lo vio, se quitó la ropa y se lo tiró.

    Entre los dos se planeo el acuerdo tácito de no volver hablar al respecto. Volvieron a salir, tanto como salían antes. Y a sonreír. Él le tomó todas las fotos que pudo. Seguían sin dinero y sin suerte, pero estaban juntos, porque juntos era que tenían que estar. Hablando siempre y tirando de vez en cuando.

    Cuando Eduardo apagó el quinto cigarrillo, Carla salió de la cocina don dos platos de pollo frito, puré de papas y una jarra de limonada. Comieron sin decir palabra, viendo los Simpsons en tv. Tras unas cuantas estupideces de Homero se sorprendieron muertos de la risa. Un segundo después estaban abrazados de nuevo en el sofá. Carla y su pelo azul Eduardo con su barba de dos días, pensando de más en quien aguantaría menos, como esos pobres locos que se quedan viendo un portarretratos que saben que está roto y no se arriesgan a recoger los pedazos.

Christian Mercury

Vivo en mi novela favorita

Nos vendieron la globalización como si fuera YouTube para el progreso, pero la globalización no nos hizo más libres,  Nos hizo más observabl...