Desde mis entrañas.
A todos, menos a ti.
Entendiendo y comprendiendo su ya innecesaria existencia, ella se dio cuenta de que era inútil seguir adelante. Tratar de entender o de que le importaran los sentimientos de los demás, para ella ya no era una obligación, puesto que decidió emprender una nueva vida, en la que las demás personas participarían como extras y que la participación de esos extras era más que nada para rellenar un espacio vacío, para que la historia no se volviera un total aburrimiento.
Analizar cuáles serían sus siguientes pasos era lo siguiente que tenía que planificar, puesto que solo sabía lo que había pasado, pero no sabía y tampoco suponía lo que estaba por venir porque, como cualquier adolescente, solo se enfocaba en su presente, teniendo en cuenta su pasado, pero nunca o mejor, no quería, pensar en su futuro.
Los extras, no eran para que estuvieran con ella cuando los necesitara, eran algo menos que eso, solo eran (como ellas los veía), un montón de ratones de laboratorios para sus experimentos, los cuales eran: 1. probar cómo se desarrollaba el amor en las personas y 2. cómo cambiaban sus actitudes y opiniones con base en dicho sentimiento, viendo el mismo desde diferentes puntos de vistas; el amor a un hijo, el amor a un familiar, el amor a un amigo y el más complicado de todos: el amor a una persona con la que quieres pasar el resto de tu vida sin importar las dificultades.
En su "antigua vida" ella nunca se enamoró, pero vio como muchas personas lo hacían y eso creó en ella un sentimiento muy fuerte en contra del amor, de hecho, todo lo contrario, lo que ella sentía era odio y también era el único sentimiento que sentía de verdad, no solo contra el amor, sino, también, contra sí misma.
Se odiaba por el hecho de recibir amor, pero no sentirse capaz de darlo. Siempre pensó en su "otra vida" que el amor no era un sentimiento necesario para el ser humano, más bien lo veía como un estado del subconsciente que se tenía que estudiar y examinar muy detalladamente antes de ser ejecutado.
Se odiaba a sí misma, por ser hipócrita al opinar que el suicido no era una solución, porque lo que en realidad pensaba, pero que no comentaba con nadie, era que las personas que terminan con sus vidas por indeterminadas razones, eran personas valientes que decidieron acabar con esta farsa que muchos llamaban vivir, sin importarles cuales fuesen las consecuencias, (tanto en el mundo de los hombres, como en el mundo de los muertos).
No le importaba la religión, pero siempre respetó las decisiones de sus ahora “extras”, de creer en “entidades” que no podían ver, pero que eran los creadores de todo lo existente, les otorgaba el derecho de creer en toda esa basura, solo cómo recompensa de estar vivos y soportar todo lo que esas “entidades” les hacían vivir.
Su primer experimento consistía en hacer que uno de sus “extras” se enamorara de ella, hacer eso no iba a ser tan difícil (pensaba ella), porque en su “antigua vida”, en el “viejo mundo”, siempre había chicos que se enamoraban de ella, sin siquiera conocerla.
Buscar un conejillo de indias fue un trabajo sencillo, ella no tenía una lista de lo que estaba buscando, solo bastaba con elegir al chico que más sentimientos sentía hacia ella y ese era un chico que vivía a dos casas de la suya y que desde muy niño siempre estuvo enamorado de ella.
Comenzaron a salir, a pasar más tiempo juntos, salir a cenar, pasear y todas esas cosas que sus “extras” (alguna vez amigas), le contaban.
Al cabo de un tiempo decidió que ya era tiempo de darle fin al experimento y finiquitar lo que había iniciado; el segundo paso era: romperle el corazón al chico.
Ella quería demostrarse, no sólo a sí misma, sino, también al mundo entero, que no se pueden tener sentimientos sinceros hacía las personas como los que uno siente por sí mismo, porque que ella no lo sentía (o mejor dicho), no lo sabía.
Fueron tres meses realizando un experimento, fueron tres meses en los que hizo cosas con ese chico, las mismas cosas que sus antiguas amigas le contaban, cosas las cuales siempre terminaron destrozándoles el corazón a cada una de ellas y que ella pensó que nunca le pasaría.
Después de pasar una noche agitada, pensando en cómo acabar con el experimento (léase bien destrozarle el corazón aquel chico), llegó la mañana y aún no encontraba como hacerlo, no sabía que o porque, pero estaba dudando de hacerlo ahora.
No, no se vale tener sentimientos por alguien, se repetía aquella chica confundida, que ahora experimentaba cosas que nunca había sentido y se había negado a sentir.
Ella no entendía que el amor, no era cuestión de estudiarse o de entenderse, no era cosa de un experimento, es cuestión de sólo sentir y que uno no decide cuándo, ni cómo, ni a quién amar.
El chico llegó a la puerta de su casa como todos los días desde hacía 3 meses, ella no abrió la puerta, no se sentía bien, él entró después de tocar la puerta varias veces y darse cuenta de que la misma estaba abierta.
Entró, la buscó, la encontró…
La vio sentada a la orilla de su cama en su habitación, con la cara inexpresiva, le preguntó qué le pasaba, ella no respondió, él tomó asiento a su lado y la abrazó, le dio un beso en la mejilla y después de un par de minutos ella dijo: -Tengo algo que decirte…-
Ella lo hizo, así, sin más ni menos, le dijo toda la verdad, su experimento funcionó, le rompió el corazón aquel muchacho, pero no se sentía bien (no como cuando algún proyecto que realizas tiene resultados positivos), esta vez no solo el corazón del chico saldría roto, esta vez también el de ella.
Suponiendo siempre, varios finales posibles, como buen científico, ella ya tenía preparado el perfecto final, en caso de que las cosas no salieran como ella quería y por primera vez en su vida, una vida que ella no apreciaba, que no disfrutaba y que no quería seguir viviendo; pensó en el futuro, un futuro con un corazón roto y un futuro que no quería vivir y que principalmente no soportaría.
Había vivido una vida miserable, en un mundo miserable, había perdido el sentimiento de seguir viviendo, no sentía nada por nadie, no sentía nada por sí misma, todo eso y sin haber vivido una decepción amorosa, pero que ahora vivía una que ella misma se buscó, por eso antes de que el muchacho entrara a su casa, ella había ingerido una taza de blanqueador de ropa que encontró en la cocina de su casa entre los productos de limpieza.
Ella no sobrevivió, ella no pudo terminar su experimento, ella no pudo soportar, ella nunca aprendió que el amor no es cosa de ciencia y que no debemos tratar de estudiarlo, el amor es cuestión de sentimientos y solo debemos sentirlo.